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Ismael Díaz, el príncipe del gol que venció una gran adversidad

Tiene 25 años y lleva una década en el fútbol profesional. Con 18 años jugó en Portugal y España, pero dos lesiones lo apartaron de las canchas durante tres años. Hoy brilla en Universidad Católica.

El panameño Ismael Díaz aún no sabe por qué en su país le dicen ‘Príncipe’. Aceptó el apodo sin recibir explicación alguna. Es tranquilo y natural. De pocas palabras y una sonrisa casi perpetua.

Su padre lo llevó a la escuela de fútbol cuando solo tenía ocho años. Comenzó entonces una historia con el balón, que ya lleva algunos capítulos escritos con pasión, emoción y llanto.

Tauro Fútbol Club se fijó en él y lo hizo debutar en 2012 en el fútbol profesional.

“Era muy jovencito. Había mucha diferencia física, pero aproveché la oportunidad y en el debut anoté el gol de la victoria”, recuerda.

Ese día lo lleva tatuado en la memoria porque ingresó al minuto 60 y, antes que concluyera el partido, gritó gol.

Mide 1,86 metros y siempre fue uno de los más espigados en el grupo de jugadores de su edad. En 2015 emigró a Portugal.

Dejar la casa materna, a los 18 años le resultó doloroso.

Fue una experiencia nueva, dejar el barrio, la familia y a mis padres. Se hizo más fácil cuando entendí que si quería ser profesional, este era el camino. Ismael Díaz

El Porto B de la Segunda División lo tuvo en sus filas por tres temporadas. En 2017 fichó para el RC Deportivo Fabril, equipo filial del Deportivo La Coruña, en España. Se convirtió en goleador.

Tenía un promedio de 13 anotaciones por año y alternaba esa presencia artillera con la selección de Panamá, que se clasificó al Mundial Rusia 2018.

Una pesadilla.

Fue en el fulgor de la cita mundialista rusa cuando la fiesta se transformó en pesadilla. Todo Panamá celebraba el debut en la Copa del Mundo.

Ismael jugó 27 minutos en el cotejo contra Bélgica y aún había dos partidos por delante, que jamás llegó a disputar. Se lesionó durante un entrenamiento.

La rodilla de su pierna derecha –la de los goles mágicos- recibió un golpe que acabó en una contusión ósea en el cóndilo femoral externo.

Para él “fueron tres años fuera del fútbol. Tres años sin facturar”. “Me dolió porque venía muy bien. Estaba en la edad donde los clubes grandes de Europa empiezan a ver a los jugadores de los clubes más chicos”, dice.

Como creyente que es, se aferró a Dios para renovar sus ilusiones y encontró en la inocencia de su hija Noha la mejor motivación para recuperar fuerza y empezar de cero.

La pequeña tenía tres años y no podía entender qué sucedía con su padre. Ismael sentía que su obligación era prepararla para la vida. Cuidar de ella, proporcionarle una educación y un hábitat sin necesidades. Todo ese anhelo de protección lo podía conseguir solo a través del fútbol.

Por ella soportó las sesiones de rehabilitación, los días oscuros donde el retiro aparecía como una opción.

“Quería darle a mi hija un ejemplo, que no todo va a ser fácil en la vida y que hay que luchar para conseguir lo que uno realmente sueña”, piensa.

El retorno y la otra lesión El 25 de enero de 2020 marcó su retorno al fútbol vistiendo la camiseta del club de su vida, el Tauro FC. Ingresó en el segundo tiempo, no convirtió ningún gol, pero el equipo ganó 2-1.

“Ese día lloré”, confiesa sin ocultar las emociones que hasta hoy perduran. Y ese día, solo le pidió a Dios que le diera salud”.

La oración no fue escuchada, pero su fe no desapareció. Solo días después de su regreso, se volvió a lesionar. Marcó su primer gol tras el retorno y en el inicio de la celebración, su rodilla de la pierna izquierda se dobló.

Ismael Díaz sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior que lo dejó fuera de las canchas otros nueve meses.

“Esa etapa me dejó varias enseñanzas, entre ellas, cuidarme a mí mismo”.

No arriesgar cuando hay dolor, por más que el equipo lo requiera. Comprendió que en la fama todos lo conocen, lo saludan y lo abrazan.

Pero en ese pasaje de dolor estuvieron a su lado los verdaderos amigos, que puede contar con los dedos de una sola mano. Retomar su carrera En 2021 regresó al fútbol. Ganó el torneo Clausura con el Tauro FC.

Fue goleador con 15 tantos en la temporada y el jugador más valioso (MVP). En este deseo de volver a su mejor nivel futbolístico, en enero último hizo maletas para viajar a Ecuador y formar parte de Universidad Católica.

Encontré compañerismo y un club que quiere crecer. Cuando un club tiene sus objetivos claros, permite el crecimiento del jugador”. Ismael Díaz.

Y se encontró con dos goleadores natos, donde hay rivalidad, pero también compañerismo: el colombiano Cristian Martínez Borja y el argentino Lisandro Alzugaray.

“Entrenamos lanzamientos de larga distancia, imponemos retos y cumplimos penitencias, pero en los partidos, respetamos al equipo y entregamos el pase a quien esté en mejor posición”, dice Ismael.

En el mano a mano, Ismael Díaz les lleva delantera: ha anotado ocho goles en 13 partidos del campeonato nacional, y cinco tantos más en la Copa Libertadores. Martínez Borja lleva siete tantos a nivel local y dos a nivel internacional. Alzugaray tiene cinco goles marcados.

Por el cuarto Mundial.

Mientras que con Universidad Católica Ismael Díaz se ilusiona con la idea de pelear por el título de 2022, en el ámbito personal no deja de pensar en Panamá.

Con la selección del istmo jugó los mundiales Sub 17 y Sub 20. Apenas disputó un partido con la Selección de mayores en Rusia y con ella quiere volver a disputar una Copa del Mundo o ganar un título para Panamá.

“Me gustaría ganar la Copa de Oro“.

El torneo más importante de Norte y Centroamérica. Mientras llega ese día, quiere seguir disfrutando de Noha, de quien dice es el mejor gol que ha marcado en su vida.

Nota: Primicias/Ecuador